Un día como hoy pero de 1891 se fundó la Unión Cívica Radical por Leandro N. Alem. Es decir, además de ser el nombre de la última estación de la línea B del subte, Além fue el creador de uno de los dos partidos políticos más importantes de la Argentina.
Todo comenzó más de diez años antes con un movimiento político llamado la Unión Cívica de la Juventud que eligió como presidente a Alem, así como incluyó en la organización a líderes de distintas tendencias como: Francisco A. Barroetaveña, los políticos católicos José Manuel Estrada y Pedro Goyena, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen, Juan B. Justo, Lisandro de la Torre, y el influyente ex presidente y general Bartolomé Mitre.
Una vez consolidado, el partido se llamó Unión Cívica. Se constituyó de forma orgánica en todo el país y por vez primera en la historia política argentina proclamó una fórmula presidencial por medio de una convención partidaria. La convención nacional reunida en Rosario consagró como candidatos a presidente y vicepresidente a Bartolomé Mitre y Bernardo de Irigoyen.
Sin embargo, Julio Argentino Roca, líder del oficialista Partido Autonomista Nacional (PAN) y opositor a la Unión Cívica, acordó con Mitre una fórmula "de unidad nacional" entre ambos partidos, encabezada por el propio Mitre. Al conocerse el acuerdo, el 16 de abril de 1891, Leandro Alem se opuso al mismo, lo que desencadenó en la ruptura de la Unión Cívica y el posterior retiro de la candidatura de Mitre.
El 26 de junio de 1891 los seguidores de Alem constituyeron formalmente la Unión Cívica Antiacuerdista, que cambiaría el nombre, el 2 de julio, a Unión Cívica Radical. Por su parte, los seguidores de Mitre formaron la Unión Cívica Nacional.
Ante la evidencia de que el gobierno nacional volvería a impedir por todos los medios su acceso al poder mediante elecciones, la Unión Cívica Radical comenzó a reorganizarse y preparar un nuevo levantamiento armado. Alem se caracterizaría entonces por fundar la idea de intransigencia radical hasta constituirla en un principio supremo de acción política. Hay una famosa frase, escrita en el testamento político de Leandro Alem, que lo define con claridad:
"¡Que se rompa, pero que no se doble!"







